“¡Qué viaje extraordinario! Los Kuna son personas maravillosas y fue un verdadero honor que nos hayan invitado a sus islas. Tenemos que hacer TODO lo posible por ayudar a esta gente tan especial, que ahora son además nuestros hermanos en Cristo.” Mike Silva

La tribu Kuna recibió más de lo que pidió
Por el pastor Stan Myers


“Mañana esperamos su propuesta”, dijo el gran jefe mientras nos sentábamos en medio de un calor sofocante, en el interior de una amplia choza hecha con palos y cañas, y con techo de paja. Hablaba en nombre de los cuarenta y ocho subjefes que representaban a toda la nación Kuna, quienes se encontraban reunidos para su congreso que celebraban dos veces al año. Presentó esta solicitud luego del terrible relato sobre la explotación y la victimización de los indios Kuna a manos de los europeos, los misioneros católicos y casi todo visitante que llegaba a la región.

“Nuestra cultura cambió radicalmente en 1492 −decía refiriéndose a Cristóbal Colón−. Desde entonces, todos los que llegaron a nuestras tierras no han hecho más que robar, quitar y saquear. Ellos se apoderaron del oro y la plata, de nuestras tierras, de nuestro sustento y de nuestra dignidad. Incluso nos tomaron fotografías para venderlas.” (Hace unos años, la National Geographic produjo un artículo sobre los indios Kuna, pero la tribu no recibió retribución alguna.) A medida que narraba historia tras historia de 500 años de injusticias cometidas contra su pueblo, conservaba la calma y hablaba en un tono de voz monótono; sin embargo la expresión de su rostro dejaba traslucir un profundo dolor.

“No dejaremos que la gente siga aprovechándose de nosotros −nos dijo mirándonos con recelo−. Los invitamos a nuestras islas porque queremos saber qué pueden hacer por nosotros. ¿Qué pueden darnos que nos ayude y mejore nuestra calidad de vida?”

Sabíamos que el propósito principal de estas reuniones de congreso era encontrar maneras de beneficiar a la tribu Kuna, y en especial, preservar su cultura.
Mike Silva les prometió que volveríamos con una propuesta a la tarde del día siguiente. Bajo las estrellas, esa misma noche Mike predicó las buenas noticias de salvación en Jesucristo a los habitantes de la Isla Tigre. Los cuarenta y nueve jefes se encontraban presentes. Mientras Mike hacía la invitación para recibir la provisión de vida eterna de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús, el jefe principal fue uno de los primeros en levantarse y pasar al frente.

El resto de los jefes decidió volver a reunirse al día siguiente para escuchar “la propuesta”. La secretaria nos contó que el gran jefe se puso de pie y dijo: “No aplaudo a Mike Silva ni a ningún hombre. No aplaudo a una religión. Aplaudo a mi Creador. El resto de ustedes puede elegir a quién va a aplaudir, pero por mi parte, elijo seguir a Jesús aunque sea el único que lo haga”. Y luego se sentó.

Al día siguiente, Rigo (director de Mike Silva Internacional) habló en primer lugar dirigiéndose a los asistentes del congreso. Les dijo que la propuesta que veníamos a ofrecerles no era tierra, ni oro, ni la oportunidad de ser reivindicados de las injusticias del pasado, sino una relación personal con su Creador. Les explicó que Dios los amó tanto que envió a su Hijo a esta tierra para morir en una cruz por sus pecados, y al resucitar, Jesús venció a nuestro gran enemigo la muerte, dándonos la oportunidad de la vida eterna.

Cuando Rigo terminó de hablar, Mike invitó a los jefes a que abrieran su corazón a Jesús para recibir la provisión de Dios, el perdón de pecados, gozo, paz y la vida eterna. Les pidió que los que sintieran el deseo de hacerlo, que por favor se pusieran de pie, pero que no lo hicieran por compromiso ni porque se sintieran presionados.

¡CUARENTA Y SIETE DE LOS CUARENTA Y NUEVES JEFES SE PUSIERON DE PIE Y ORARON (en voz alta y al unísono) PARA RECIBIR A CRISTO! Mientras poníamos nuestras manos sobre ellos, vimos por primera vez desde que estábamos allí, una amplia sonrisa dibujada en sus rostros. Muchos lloraban de alegría por lo que habían experimentado.

Dios hizo, y continúa haciendo, un trabajo de proporciones históricas en Kuna Yala. ¡Qué privilegio enorme haber vivido esta experiencia y que el Señor nos haya permitido ser parte de ella!

 

     
     
     
 
   
 
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